Un afloramiento aislado

Hay parte de mi que no pertenece a ningún lugar.

Una parte de mi alma

siente como venga de

otra época,

otra vida,

otra crianza.

Lo sentí por primera vez en pisar las calles de ciudades desconocidas.

Supe en esos momentos no era normal, sentir más cómoda y tranquila en un lugar totalmente nuevo de cómo sentía en las casas de mi niñez.

Hay una frialdad reconocer que su ser es desconectado de la vida que ha vivido. Saber que la manera cómo se cultivaron sus padres, no coincide con quien es hoy.

Pero también hay aventura en saber que es único, diferente. Porque significa que hay algo de descubrir.

Lo sentí por primera vez en pisar las calles de Nueva York. Niña todavía, sino sentía el cambio dentro de mí, el afloramiento que ya empezaba.

Lo sentí cuando me llevaba mejor por los pueblos de la patria de mis antepasados del país donde nací yo.

Lo sentí cada vez que instintivamente entendiera y conectara mejor con las culturas de otra gente que la cual que me envuelve cada día.

Pero también, esta realidad se encarcela. Es difícil salir de la vida que conoce. Es difícil empezar de nuevo, en un mundo donde todos sabrán que no pertenece. Donde tendrá que siempre defender su pertenencia. Porque no es obvio, sino son más obvios sus faltas.

Cuando su alma existe en un lugar diferente de su crianza, nunca será totalmente aceptado. Siempre será una sombra de quien es, de quien quiere ser y de quien el mundo prefiere que sea.

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